Fantasmas

Los imaginamos como en los cuentos.
Al abrigo de la medianoche
deambulando sin ganas con un candil ardiente
por estancias en ruinas de techos infinitos 
y paredes empedradas con relatos de dolor.
Prisioneros de una paz que les negamos
ocultan sus etéreas carnes bajo un disfraz de sábana y cadena.
Las arrastran despacio
levitantes
a medio metro del suelo.
Como reza aquella cruz del Viernes Santo
menos la muerte
todo es ilusión.
Los fantasmas no existen
jamás existieron.
Lo descubrimos sin más que incorporarnos al amanecer
mostrarnos ante un espejo roto
y comprobar en los tobillos las marcas de los grilletes.
En el suelo una sábana marchita
y en el alma
las heridas abiertas de cada eslabón.



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